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Enero 2009 Archives

Vencido

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En lo más profundo de la montaña; más allá de las minas abiertas por el hombre en su insaciable afán de poseer; bastane lejos de los ultimos vestigios de un rayo de luz que casi todo lo alcanza; desconocido incluso por las criaturas sin ojos que se arrastraban por el frio y oscuro suelo inexplorado.

Kilometros de piedra habían evitado cualquier asomo de calor solar, pero el ambiente era templado, en parte por la cercanía con la roca fundida que luchaba por emerger y tomar forma, en parte por la actividad constante. Nada habría podido vivir en ese lugar sin oxigeno, ni luz, ni alimento... pero el martilleo era constante, el murmullo de unas palabras era audible.

Una figura se recortaba en la luminosidad de la fragua, sus musculos brillaban con el sudor, el flequillo pegado a la frente, el pecho inchado con cada profunda inspiración, sus ojos, enloquecidos, apenas se atrevían a mirar lo que sus manos estaban haciendo. Se centraba en el tacto suave de la madera del mango del martillo, pulida por el uso, y en la aspereza del yunke, cuyas esquirlas le habian traspado la piel tantas veces. Intentaba dejarse llevar por el habito del trabajo, de dejar que su corazón latiese al ritmo de los golpes, de aspirar el aroma persistente de la soledad, reconfortarse con la seguridad de que no había nada que pudiera sacarle de su tranquilidad.

Pero su paz se resquebrajaba por momentos, aquello que tenía sobre la inmensa mole de acero parecía latir con vida propia, sus golpes acostumbrados a modelar casi cualquier metal, ahora se veían inutiles. Transpiraba miedo, sensación desconocida en el mundo que era su habitación en el fin del mundo. Tenía que dejarlo, no podía seguir, su cabeza iba a reventar... y no se atrevía a tocarlo. Echó una manta por encima para dejar de verlo, pero la silueta seguía ahí, demostrando acusadoramente su incapacidad.

Miró sus manos, habían sufridos cortes, golpes y quemaduras, nunca hasta ahora habían temblado. Se alejó todo lo posible del yunke y se dejó caer de rodillas, sintió el sudor sobre unos musculos que habrían sido capaces de doblar el mundo. Una unica lágrima se formó en sus ojos, secos del calor de la fragua. Cerró los ojos mientras el temblor abandonaba la inmensa mole de su cuerpo, se dejó acariciar por la oscuridad, y su sosiego se acurrucó en la tibieza del ambiente...

Se sentía vencido.

Nieva

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No ha parado de nevar en todo el dia... cuando he llegado a trabajar al polideportivo estaba con el abrigo (negro) totalmente blanco...

Varias horas nevando han dejado los tejados blancos, pero al salir a la calle la desilusión ha sido mayor, no había tres dedos de nieve, si no uno de hielo... es lo que tienen las calles transitadas, que no hay forma de cubrirlas totalmente de nieve (el ser humano suele destrozar aquello por donde pisa). Eso sí, el campus estaba totalmente cubierto, la gente no va por el cesped cuando hay nieve tapando los posibles agujeros... he intentado hacer una foto, que menos! pero mi movil me pitaba por falta de memoria y no era plan de andar reiniciandolo en mitad de la nevada.

Me he dado una larga vuelta para llegar al trabajo, ya que puedo ir andando y había que aprovechar para ir por calles menos centricas y más nevadas. Me ha hecho gracia, los que más disfrutaban eran los niños y los abuelos... unos por pillarle por sorpresa y otros por ver a los pequeñajos disfrutar. A veces es hasta facil ser feliz... solo hay que ignorar el resto de cosas malas y centrarse en lo bueno.

Como dato curioso, en el campus una chica sonriente me ha tirado una bola de nieve... despues de charlar un rato, he seguido mi camino sin saber todavía si la conozco, o si ella me conoce a mi. Algo así decían en Everwood hace ya algunos años, la nieve iguala todo, da igual lo que haya debajo, que queda con un reluciente manto blanco encima. Todo tan inocente y bucólico.

Siempre hay alguien peor

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Tengo muchas cosas de las que hablar, o bien de las que escribir en un tren camino a alguna parte lejos de aqui... por eso de romper con todo una temporada y escapar de aquello que nos rodea y coarta.

Uno de los testimonios que he escuchado y más me ha impactado fue el de un mendigo que, despues de haber sido de clase media y "descender" por motivos personales, comentaba que tanto antes como ahora, tiraba cosas que otros se pegaban por recoger... "da igual como estés, siempre hay alguien peor".

Hace ya algunos años hablaba con un ocasional compañero de voluntariado sobre las razones que le llevan a alguien a dedicar tiempo a otras personas de forma gratuita. Y él decía que le gustaba ver que otros estaban peor, que le reconfortaba saber que había menos motivos para quejarse.

Como excusa para mantenerse a flote no está mal, pero no es suficiente como pista para salir del laberinto...

Laberinto

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Ogro sudaba profusamente, su corazón latía con fuerza, sus musculos ardían bajo la piel.

Todavía escuchaba los pasos de sus perseguidores como estampidos trás él. Tenía el brazo derecho cubierto de arañazos por haberse avalanzado contra una pared para evitar ser atrapado, el ojo derecho estaba medio cerrado y morado, un fuerte golpe le había dejado medio incosciente un par de dias atrás, cojeaba ligeramente por una antigua lesión y apenas podía respirar por el esfuerzo... pero notaba aire fresco frente a él.

Lo peor de ese laberinto no son los multiples caminos falsos, ni la insistente soledad con quien hay que cruzarlo, lo peor son los guardianes, miedos y debilidades crecidos y preparados para atrapar a quien se atreva a poner los pies entre sus altos muros. "no mercy". Sin nada que perder y todo que ganar, perfectos cazadores.

Conejo tenía las orejas pegadas al lomo, su habitual acidez y cinismo estaban apagados, sus ojos se cerraban ante cada nuevo lejano golpe, sabía que les seguían de cerca, y en el fondo sentía aprecio por Ogro, tanto como Ogro lo sentía por él.

Los tambaleantes pasos de Ogro tomaron una ascendente inclinación, y el aire fue más fresco. Finalmente llegó a la cima de un monticulo, y giró varias veces sobre si mismo, incredulo, por primera vez en meses no había muros a su alrededor. Tardó varios segundos en comprender, no estaba fuera, estaba en un monticulo, en mitad del laberinto, tan perdido de la entrada como de la salida, pero estaba respirando... con un doloroso gesto inspiró profundamente el aire limpio y dejó que llenara sus pulmones.

Pudo ver dos nubes de polvo acercandose por los pasillos que el mismo había cruzado momentos antes, y sintió un escalofrio al recordar a sus perseguidores... acarició distraidamente el lomo de Conejo mientras pensaba que hacer. Y por un momento tuvo la fria certeza de que salir del laberinto podría llevarle toda una vida, se sintió caer una eternidad por un pozo oscuro, empezó a tener frio y desconfió de que sus piernas pudieran sostenerle.

Conejo, al quite, le golpeó un par de veces para traerle a la realidad...

- Si te has metido en esto, tu sabrás como salir. El camino no es facil ni tu eres de los espabilados... confiemos en tu aguante.

- Tenemos toda una vida para comprobarlo.

Y empezó a andar de nuevo.

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