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Marzo 2012 Archives

Chocolate.... ¡chocolate!

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"Las cuerdas que están siempre tensas terminan desafinando." Paulo Coelho

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 10 segs)

treschocolates.JPGYa iba tocando algo más ameno. Además hoy escribo algo útil de verdad para combatir esos días en los que a uno le apetece quitarse la armadura, apagar el movil, enterrarse en una manta y no salir del sofá (y los monstruos de debajo de la cama, pues que aprendan a jugar al poker para pasar el rato).

Hace unas semanas encontré una tienda en Príncipe Pío especializada en chocolate, cómo me apetecía mucho dar un capricho, me busqué la excusa de hacer un postre y de paso llené la bolsa con otras cosas. Esta vez no he innovado casi nada pero ya me rondan por la cabeza ideas para la próxima.

Vamos allá, los ingredientes... puede parecer un postre un poco empalagoso y denso, lo es, pero está rebueno y con coger porciones pequeñas... o no, ¡allá cada uno!. Nos hacen falta 3 vasos de leche (200 ml cada uno), 3 vasitos de nata líquida para montar (100 ml cada uno), 2 sobres de cuajada en polvo y, sobre todo, 150 gramos de cada chocolate (negro amargo, chocolate con leche y blanco).

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La idea es montar el postre en 3 capas, así que hay que hacer las 3 mezclas por separado, una detrás de otra. Sí, es un coñazo porque se manchan cacharros cómo si fuese a fregar otra persona (que no es el caso), pero merece la pena. Así que voy a explicar el proceso con el chocolate negro y luego es simplemente repetirlo con los otros dos. Ponemos en una cacerola medio vaso de leche y la nata, cuando esté caliente, justo antes de hervir, echamos los 150 gramos de chocolate partido en trozos. Movemos hasta que se funda. Por otro lado, en el medio vaso de leche fría echamos un poco más de medio sobre de cuajada y disolvemos hasta que no queden grumos... ahora echamos esa leche fría con la cuajada sobre nuestro chocolate fundido y removemos para que se mezcle bien (procurad no hacer mucho ejercicio en el gimnasio unos días antes... os pasará factura, remover tanto es menos divertido si te duele todo, jajaja).

Echamos en nuestro molde o fuente.

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Después de rechupetear cucharas (algún capricho se tiene que dar el cocinero) y de fregar todos los cacharros, hacemos el mismo proceso con el chocolate con leche. Esta vez, al ir a verter el segundo chocolate (ahora líquido, caliente, con la cuajada y la nata), dejamos que el chorro caiga sobre una cuchara antes de que llegue al chocolate negro, para que no se hagan hoyos y se mezclen los dos tipos. Queremos que queden en capas bien delimitadas. Y volvemos a repetir con el chocolate blanco, ojo al echarlo sobre el chocolate con leche, vertedlo en el molde pero que caiga antes en una cuchara.

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Vistoso, ¿eh? A la nevera un día para que cuaje todo bien y quede compacto. Ahora mismo está para meterle la cuchara tal cual... peeero, vamos a darle un último toque a la hora de presentarlo. Se desmolda bien, y es chocolate, le viene bien un montón de cosas, por ejemplo echad encima virutas de chocolate, o justo al lado una cucharadita de mermelada de frambuesa... yo lo he hecho sencillito con unas gotas de chocolate que compré en esa tienda que comentaba al principio.

El postre no lleva más azucar de la que ya traen los chocolates, pero aún así queda un poco dulzón, para la próxima echaré una capa más gruesa de chocolate amargo y una más fina de chocolate blanco, sólo hay que respetar las proporciones de ingredientes. Ya hay lista de espera para probarlo para la próxima que lo haga... parece que es difícil decir que no al chocolate.

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Tambores de guerra

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"A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza." Alessandro Pertini

"No aceptar sufrir es malo" Hagakure, libro de caballería samurai

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 5 segs)


En la última semana he dicho un par de veces lo mismo (y la de cientos de veces que lo he pensado), casi convirtiéndose en un mantra al que aferrarme en estas noches repentinamente más frías, "sólo necesito un motivo para seguir luchando, dámelo y no me rindo". Algo tan simple como una palabra es capaz de encender los tambores de guerra. Da igual si es difícil, si la gente piensa que estoy loco o si no se siquiera contra lo que lucho, una sola palabra y no perderé ni la sonrisa mientras me enfrento a lo que sea y me llevo los golpes y arañazos que hagan falta. Soy de los que se lanzan de cabeza si considera algo importante.

Hace unos cuantos años, en uno de los primeros libros de fantasía épica que cayó en mis manos, leí que el protagonista clavó su lanza en el suelo húmedo, desenvainó la espada y caminó unos cuantos metros a la espera de sus enemigos. Sabía que iba a morir, pero se prometió así mismo no retroceder más allá de donde la lanza estaba clavada. Ahora entiendo que no podía permitirse ceder ni un paso, por miedo a que después de ese paso viniera otro, y luego otro.

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Muchas veces los tambores no suenan, no por falta de ganas. Ni por miedo. Si no porque no hay una palabra que me anime a lanzarme al vacío, una velita que me de pistas sobre por donde tirarme. Con ese único "click", se ponen a rugir, ensordeciendo todo lo demás, y da igual el tiempo que haya estado esperando, da igual si me han derrotado otras veces, la adrenalina da fuerzas, el lobo interior manda... Podrá salir o no, pero cada cicatriz por haberlo intentado es un motivo para sentirse orgulloso.

"¿Y qué harías si no tuvieras miedo?"

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"El miedo sólo sirve para perderlo todo." Manuel Belgrano

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 20 segs)

He dado un último trago al café del vaso de papel para llevar y he disfrutado un momento del sabor amargo sin azúcar. El tren que tenía que coger estaba entrando en la estación entre chirridos y bufidos. Soy como un niño pequeño y me hacen especial ilusión los que tienen dos plantas, desde la de arriba se ve todo mejor.

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En la parte de arriba sólo había otros dos pasajeros, en uno de los extremos un tipo enorme (y para que yo diga eso, es que de verdad era enorme), con el pelo largo, barba descuidada y tatuajes asomando por el cuello de la camiseta y por las mangas, iba con unos vaqueros raídos y una cazadora de cuero desgastada. En el otro extremo, por donde he entrado yo, otro tipo sentado, medio borracho, muy ajado, con la piel arrugada y el pelo blanco, oliendo a vino rancio y con ropa sucia. He pasado junto a él y me he acomodado en mitad del vagón.

En la siguiente estación ha subido una chica de unos 30 años, pequeña, delgadita, con media melena, muy oscura, enmarcando su cara de piel clara. Llevaba unos vaqueros blancos y una camisa negra con un par de botones desabrochados (me ha sorprendido porque he pensado que tendría que estar helada sólo con eso). Ha pasado medio corriendo delante del tipo de los tatuajes. Se ha parado junto a mi fila de asientos, ha echado un vistazo al otro extremo. Me ha mirado. Se ha sentado justo a mi lado. Me ha sonreído y ha dicho algo.

Me he quitado los auriculares para escucharla.

Preguntaba sobre la estación donde me bajaba, para bajarse conmigo y hacer el cambio de vagón. No le inspiraban mucha confianza los otros dos viajeros y tampoco se atrevía a cambiar de vagón ella sola por si resultaba raro. Parecía apurada, nerviosa, así que he bromeado con mi miedo atroz a los payasos para tranquilizarla. Al ver el vaivén de trenes cercano a Chamartín he comentado que no sería mala opción coger un tren a cualquier parte y empezar otro lugar, reseteando problemas y miedos, de cero. Me ha mirado muy seria y me ha preguntado "¿y qué harías si no tuvieras miedo?".

Roto

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Off in the night, while you live it up, I'm off to sleep
Waging wars to shape the poet and the beat
I hope it's gonna make you notice


Kings of Leon - Use somebody

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 5 segundos)


Siento debilidad por la gente que, rasgando una guitarra y con la voz rota, pueden transmitir tantísimo. Cuando deambulo por alguna ciudad y escucho algo así, me quedo medio embobado. Algo dentro se rompe y me sale un yo que me encanta, un poco triste y melancólico, pero muy vivo, muy intenso. Y por alguna razón me dan ganas de viajar en tren, con un pie apoyado en el asiento de enfrente y la mirada perdida por la ventana. Rumiando mis pensamientos durante horas. Sacando las dudas, desnudandolas, hurgando en la herida, saboreando el regusto amargamente familiar.


Me recuerda que todo puede cambiar en un minuto, en una llamada, en un cruce de miradas, en un mensajito, en una sonrisa, en una pregunta con un guiño, en un apartar la mirada para guardar las lágrimas, en un susurro que no se atreve a ser más alto para no hacer más daño. Me hace sentirme un poco roto por dentro. Las cicatrices figuradas me pican. Me sale la media sonrisa cínica. La de perdedor resignado que parece disfrutar de un chiste íntimo.

Los acordes de la guitarra seguirán sonando mucho después de echar una moneda, o de invitar a una cerveza, al que ha despertado mi yo más melancólico. Mis pasos se volverán más erráticos y me apetecerá estar solo. Y me perderé por la ciudad, sin ganas de que me espere nadie (o con más ganas que nunca, pero con miedo).

Llevo un par de horas escuchando al tipo este, maldiciendo que en Madrid casi todos canten baladas por las calles y con ganas de que alguien me arañe por dentro con su voz rota, que haga salir al yo cínico con la media sonrisa, quizás asimilando tantas cosas que te hacen sentir roto y sin saber del todo por qué.

Camino a la locura

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"Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura." Friedrich Nietzsche

"No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando" Terry Pratchett

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 55 seg)

Un murmullo me despierta. Abro los ojos. Hubiera dado igual mantenerlos cerrados ya que la oscuridad es demasiado densa.

Me incorporo. No se donde estoy. Siento frío sobre mi piel, no tardo en descubrir que estoy casi desnudo. Noto la dureza de la piedra bajo mis pies descalzos. Doy unos tímidos pasos mientras tanteo con las manos, necesito saber qué me rodea. Topo con algo... un olor amargo me inunda las fosas nasales, noto una corriente de aire caliente en la cara, al menos es un cambio, incluso puedo distinguir un brillo a escasos centímetros de mí.

Dolor. Intenso y repentino. Un golpe estalla en mi pecho. Me hace recular varios pasos.

Escucho un gruñido donde intuyo estaba segundos antes, tengo miedo de un segundo golpe así que salto hacia atrás, tropiezo y caigo. Intento rodar sobre mi espalda para, con el impulso, girar y quedar de pie. Lo consigo a duras penas. Paso la mano por el pecho, allí donde siento un dolor sordo palpitar, y noto el tacto pegajoso de la sangre. La adrenalina me insensibiliza y me impide notar los pequeños regueros de sangre bajar por mi abdomen, pero mis dedos descubren que la sangre está bajando más allá de la cintura. Unos pesados pasos de "algo" acercándose me hacen reaccionar. Intento caminar hacia atrás, huyendo de la fuente de los sonidos.

Otros pasos, más rápidos, me avisan demasiado tarde de que hay otro "algo" detrás mía. Estoy desconcertado. No se donde estoy, ni qué me rodea, ni cuantos... unos afilados dientes hacen presa en mi pierna derecha, la sacudo para quitarme ese lo-que-sea de encima... un agudo dolor me recorre el cuerpo. Siento la necesidad de arrodillarme y llorar. Me obligo a seguir en pie aunque el dolor me esté matando. En unos minutos me volveré a cuestionar y más me vale haber encontrado algún motivo para seguir luchando. O me sobrarán las razones para dejar de hacerlo. Los pasos ajenos han parado, renqueo hacia atrás, sufriendo lo indecible en cada movimiento, hasta que puedo apoyar la espalda en una pared. Respiro profundamente y exploro la nueva herida, justo entre la rodilla y el tobillo, allí donde debería haber una suave protuberancia del músculo sólo hay girones de carne y ríos de sangre. Ahora apenas duele, pero la experiencia me dice que luego será mucho peor.

Me muerdo el labio hasta notar un sabor metálico en la boca, ambas heridas escuecen, y no paran de sangrar, mis dedos están pegajosos, y noto que voy perdiendo fuerzas. Me cuesta hasta cerrar el puño. No se si podré devolver algún golpe. Mi lobo interno gime dolorido. Noto la boca seca. Necesito agua. No llego a comprender que coño hago aquí. No dejo de preguntarme por qué... ¿por qué? casi como si fueran unas palabras mágicas que me van a hacer volver a un mundo donde haya luz. Luz. La echo de menos. No ver me está volviendo loco. Más loco. Me apetece una luz blanca, o amarilla. Pierdo el sentido de la orientación. Una luz blanquecina, los primeros rayos del sol abriéndose camino en la montaña en una fría mañana de invierno. Locura. Oscuridad. Motivos que no lo son. Heridas. Estoy perdiendo mucha sangre.

Sonrío. Hace tiempo estiraron tanto mi cordura que se rompió, y descubrí que morir es sumamente fácil y que a lo que hay que tener miedo es a vivir. Escucho de nuevo los pesados pasos que no presagian alegría precisamente. Me pongo en tensión, cada músculo, cada fibra de mi ser, sin perder la sonrisa, para esto hemos nacido. Encojo el cuerpo para recibir otro impacto....

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Monstruos

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"El hombre cree que está solo en el mundo, no es verdad, estáis todos conectados. Un acto puede un día afectaros a todos". La joven del agua - M. Night Shyamalan

(tiempo medio de lectura estimado: 1 min)

Ya ni miro debajo de la cama para buscar monstruos, simplemente espero a que aparezcan.

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Crédito de la imagen: http://9gag.com/gag/256196

Hace tiempo aprendí que es inútil ignorarlos, intentar evitarlos o esconderse. Simplemente están ahí, da igual si verdes con grandes dientes, o azules de ojos saltones, hay para todos. Así que no queda otra que partirse la cara con ellos. Mi problema es que casi siempre me ha tocado enfrentarme a los míos solo, incluso cuando he tenido a un "alguien especial" a mi lado o cuando he estado muy rodeado de amigos... casi nunca me han faltado manos o abrazos, pero me da miedo que otros se enfrenten a los monstruos que llevo dentro, quizás porque siempre me queda la duda de si me van a entender o me van a dar la espalda añadiendo más monstruos a los que ya traigo de serie.

Tengo mis métodos para coger fuerzas, algunas armas... ya sea escribir toda la noche, deambular sin rumbo por la ciudad o correr hasta que el pecho arde. Hay algunos que me duran un asalto de pocos minutos, otros (enooormes) que me han hecho morder el polvo tantas veces a lo largo de los años que ya he perdido la cuenta. Tengo un puñado de cicatrices (en todos los sentidos) y las luzco orgulloso. No he tenido pudor en contar las cruentas batallas que he mantenido con ellos (este blog es el ejemplo), da igual si victorias o derrotas, al final somos lo que somos y hacemos lo que hacemos.

A lo que no estoy tan acostumbrado es que mis batallas particulares en el terreno de lo imaginario afecten a otras personas. Y a eso no se como enfrentarme. Y me pongo nervioso.

La guerra del agua

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"Cuando bebas agua, recuerda la fuente" Proverbio Chino.

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 20 seg)

El domingo salí por la mañana a estirar las piernas, y me encontré con una mesa donde "votar" sobre la privatización (o el primer paso, semiprivatización) del Canal de Isabel II. Para los que me leen desde fuera de Madrid, Canal de Isabel II es una entidad pública encargada de gestionar el suministro de agua de la Comunidad de Madrid. Así que me paré unos minutos para firmar a favor de que siga siendo completamente pública.

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Esto lo aprendieron en Bolivia, con una subida del 400% en el coste del agua y una persecución feroz contra aquellos aldeanos que se atrevían a abrir pozos o zanjas para obtener agua sin pasar por las manos de la empresa privada que había comprado los derechos (sólo hace falta googlear un poco). Supongo que aquí es difícil que pase lo mismo, pero bueno, a veces se nos olvida que conseguir avances sociales cuesta un mundo, y perderlos sólo un segundo. Además, basta con mirar la liberalización eléctrica... el servicio es el mismo, el ahorro estimado para el usuario no llega al euro (y eso gracias a que al final el estado está asumiendo parte de las subidas).... peeeero, ahora queda en manos privadas, y es un sector con una reivindicación permanente de subir los precios.

El problema básicamente se mueve en el terreno político. Los mismos que criticaban la privatización de Loterias y Apuestas del Estado (idea del PSOE), ahora aplauden esta idea (idea del PP)... estamos en lo de siempre, la polarización ideológica que no entiende de argumentos, de experiencias previas y de consecuencias en un futuro. Cuando no son unos, son otros.

No es que yo sea un fiel defensor de la empresa pública, pero creo que hay sectores que deben quedar siempre bajo el poder de las administraciones. Puede que el coste de suministro sea un poco más alto, pero el precio es conocido y no depende de especulaciones varias. Además, ¿que inspira más confianza? ¿Una patrulla de la policía nacional o una patrulla de los de seguridad de RENFE (por ejemplo, y con todos mis respetos)? Pues eso, hay servicios que no deberían perder su carácter público.

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